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Las etiquetas: el error de intentar fijar el movimiento.

Una de las características principales de todos los seres vivos es el movimiento. Este movimiento se presenta en múltiples formas y apariencias: físicos, psíquicos, etc … y es lo que hace que por pequeño que sea el cambio o la evolución, cada día todos los seres vivos tengamos algún rasgo que nos hace diferentes del día anterior.

En los seres humanos, el movimiento físico y psíquico es muy evidente en el infancia y la adolescencia, pero en la edad adulta ya no lo es tanto. Es curioso observar cómo se nos enseña y educa en unos parámetros totalmente contrarios a este movimiento con el objetivo de obtener una sensación de control y estabilidad. Estos conceptos son evidentemente antinaturales para que el movimiento sólo se pueda manejar con movimiento.

Como dijo Albert Einstein, «la vida es com una bicicleta, para mantener el equilibrio tienes que seguir en movimento».

Fijamos objetivos a la vida, unos objetivos que aparentemente nos daran la felici-dad o nos llenaran y que son estáticos, una imagen dentro de nuestra mente, y cuando los conseguimos necesitamos otros de nuevos porque los que hemos conseguido ya no nos completan como esperábamos. Y mientras hacemos todo este camino, no prestamos atención al aprendizaje que nos pueden proporcionar estas experiencias, sólo buscamos la foto. Estamos viviendo la vida a la inversa: esperamos que lo que nos rodea, sea material o no, nos llene.

Las etiquetas, tan utilizadas socialmente («por un perro que maté, mataperros me llamaron”), pero también en tratamientos terapéuticos y otros, nos limitan y no nos dejan avanzar y profundizar en el crecimiento y evolución de las personas. Hoy en día lo podemos ver claramente en nuestras escuelas, donde nuestros niños y niñas se etiquetan con enfermedades como el TDA o el TDAH y la solución más habitual es fijar este diagnóstico y realizar un tratamiento permanente con medicación. No nos esforzamos por buscar la raíz del problema y simplemente lo atenuamos y lo aceptamos como una fotografía en vez de entender que todo lo que está vivo no para de evolucionar, de moverse y buscar la manera dentro de este movimiento de volver a encontrar el equilibrio que puntualmente hemos perdido.

Etiquetes

Para poder ilustrar el concepto de etiqueta, compartiremos una historia real relacionada con los caballos que vivimos hace unos años:

 

La historia del Castaño

Esta historia comienza en una hípica donde había muchos caballos. De entre estos caballos había uno, el Castaño, que se utilizaba para clases y había desarrollado una manera peculiar de defenderse de sus jinetes para así convencerlos de que la clase ya había terminado. Su técnica consistía en lo siguiente: cuando él consideraba que ya había trabajado bastante, cada vez que se acercaba a la valla de la pista aplastaba la pierna del jinete contra la misma, evitando cualquier ayuda para intentar apartarlo. Una de las personas que más lo sufría era una joven profesora de esta hípica, que había intentado solucionar sin éxito ese problema para evitar que sus alumnos se vieran expuestos a aquella situación. Esta profesora, al poco tiempo decidió hacer un cambio profesional y se fue a otra hípica donde optimizar el aprendizaje, la comprensión, el conocimiento y la aplicación del mismo. Durante 3 años estuvo recibiendo una formación profunda en equitación, gestión emocional, auto conocimiento, etc …

Después de este periodo y por causalidades de la vida, el propietario del Castaño apareció por la hípica para hablar con el director. En esta conversación le ofreció, junto con más caballos y material de monta, la posibilidad de adquirir en Castaño. Seguidamente, el director, compartió esta información en una reunión con su equipo pidiendo la opinión de cada uno y nuestra amazona no tardó nada en exponer su negación. Argumentaba que era una mala compra, independientemente que el coste fuera asumible, ya que el Castaño era un caballo peligroso con unas calidades físicas muy buenas pero con una «defensa» complicada y difícil de gestionar por sus jinetes. Este caballo tenía una etiqueta. Una vez todo el mundo dio su opinión, se decidió finalmente sacar adelante la compra y adquirir el Castaño. Cuando el caballo llegó a la hípica, fue el que primero se probó. El caballo evidentemente, al ponerlo en la pista, intentó hacer lo que siempre le había funcionado incluso con más potencia ya que con el tiempo se había ido acentuando cada vez más … pero esta vez no le salió bien. Qué sorpresa cuando nuestra amazona, con aparentemente mucha facilidad, conseguía llevar el caballo por la pista perfectamente y anular totalmente su defensa. Qué sorpresa por el caballo, cuando finalmente encontró un jinete dispuesto a enseñarle una manera diferente de relacionarse, no pensada en defenderse si no en construir juntos. Este cambio en las formas hizo que el caballo cambiara.

Durante mucho tiempo el Castaño había estado perdido, había perdido el equilibrio.

Cuando perdemos este equilibrio es igual lo que hacemos, no estamos bien en ninguna parte porque no estamos bien con nosotros mismos. Pero cuando nos encontramos, cuando volvemos a transitar en equilibrio nos entregamos y encontramos placer en todo.

Qué sorpresa para todas las personas que lo habían conocido antes, cuando al poco tiempo estaba dando clases a niños y niñas y se había convertido en uno de los mejor caballos de la hípica.

De dentro hacia fuera: Yo cambio la forma de ver el mundo y el mundo cambia conmigo.

Las etiquetas son estáticas y sólo describen un momento de la vida, al igual que una imagen. Nos limitan, nos impiden y no nos dejan crecer. Usarlas de referencia para saber desde donde partimos en un momento determinado no está mal, pero si nos las creemos, si dejamos que se conviertan en algo que no son, nos incapacitan para ver LA REALIDAD en nosotros mismos y en todo lo que nos rodea. Nuestra amazona, al ver el caballo que tantas veces le había hecho pasar malos ratos perdió de vista que ella ya no era la misma persona, que se había formado, había cambiado y por lo tanto, que la relación que podía edificar con el caballo era totalmente nueva. Lo perdió de vista porque el caballo estaba etiquetado y esta etiqueta no le dejaba ver la REALIDAD con todas las posibilidades que le ofrecía. En el momento que empezó a aplicar todo lo que había aprendido sin prejuicio, sin defensa, sin agarrarse a ninguna parte, comenzó a aplicar el arte de vivir en equilibrio y cuando esto ocurre, todo cambia.

En próximos capítulos os hablaremos de temas propuestos por nuestros alumnos, si desea participar o proponer algún puede hacerlo a través del correo: info@equitacioforlife.com

 

Hasta pronto!

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