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noviembre 3, 2020

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Este pasado 3 de Octubre tuvimos el placer de inaugurar un nuevo ciclo de charlas con la intención de compartir el trabajo de crecimiento personal que realizamos en Equitació for Life. Estas charlas tienen una programación mensual y la voluntad de ser una puerta que dé luz al camino para todas aquellas personas que se encuentran en un momento de cambio, crecimiento, incertidumbre, duda, bloqueo … Decimos dar luz al camino porque como saben todas las personas que se encuentran en un momento así, con la luz no es suficiente, el camino se debe caminar y esto conlleva que hemos de vivir la experiencia. En este capítulo y posteriores resumiremos brevemente el trabajo que se ha hecho en las charlas.

Para esta primera charla, empezaremos remarcando una idea que ya hemos repetido en otras ocasiones: del mismo modo que en equitación el binomio lo forman jinete y caballo, nosotros también estamos formados por cuerpo y mente (de momento no tocaremos espíritu, alma).

La mente es para el conocimiento y el cuerpo para la experiencia. Es por ello que estas charlas y todo el trabajo teórico relacionado con el conocimiento (la mente) no estará completo si no lo vivimos con el cuerpo (la experiencia). A día de hoy ya sabemos que tenemos una red neuronal por todo el cuerpo y no sólo en el cerebro como se pensaba hace unos años. Recuerdad que si sumamos las dos cosas, el conocimiento más su aplicación o experiencia, el resultado se llama sabiduría. Pero recuerdad también que este conocimiento debe ser puro.

¿Por dónde empezamos? ¡Pues por el principio! ¿Y dónde está el principio?

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El principio está en el momento de nuestro nacimiento. Este momento se describe como «la primera gran herida» en psicología y determina el momento en que pasamos de pertenecer a algo más grande que nosotros mismos y comienza la construcción del individuo, del «yo», del ego. De esta construcción se encargan nuestros padres y madres, abuelos y abuelas, profesores y la sociedad en la que nos ha tocado vivir con todas sus cargas morales y éticas. Es importante remarcar que en este periodo no tenemos todavía lo que se llama «conciencia», ya que se desarrolla más tarde. Por lo tanto, toda la responsabilidad de la construcción de nuestro «yo» recae en los referentes que antes hemos comentado.

Imaginemos un campo. Este campo es el «yo», el ego. Un campo fértil y perfectamente preparado para recibir su siembra, sus semillas. Todas las personas y la sociedad que nos rodea son las encargadas de sembrar y colocar las semillas en nuestro campo, justo en el momento en el que el campo está más receptivo y no tiene conciencia de que se le está sembrando. Siembran semillas que servirán como recurso para sobrevivir en todos los ámbitos y momentos de nuestra vida, ya que el objetivo principal del ego es asegurar nuestra supervivencia: social, económica, sentimental, de salud, etc … El engaño principal está en que, como hemos comentado, estas semillas germinan cuando el ego lo necesita y la situación lo requiere y determinan la mayor parte de las decisiones que tomamos en nuestra vida. Y, ¿por qué decimos que es un engaño? Pues porque …

El ego tiene la capacidad de hacernos creer que somos nosotros, tiene la capacidad de hacerse pasar por nuestra conciencia con el único objetivo de asegurar nuestra supervivencia. Pero hay una gran diferencia entre vivir y sobrevivir.

Este «yo», este ego, no es fácil de identificar en nuestro día a día y el ritmo y sistema de vida que llevamos ayuda a que se mantenga «de incógnito». Pero si conseguimos parar y empezar a hacer un trabajo consciente nos daremos cuenta que tiene unos rasgos característicos: nos limita, nos condiciona, nos dice que pertenecemos a cualquier cosa, nos hace no tomar decisiones por miedo y nos hace tomar decisiones por miedo, es reactivo (reacciona y responde de manera automática ante las situaciones que nos propone la vida, siempre con el instinto de supervivencia como bandera), da la culpa al exterior o nos hace culpables ….

Sólo hay una manera de descubrir nuestra esencia: apartar el ego. El ego trabaja en la sombra y si queremos descubrir quienes somos la tendremos iluminar, le tendremos que dar luz, tendremos que obligar a salir.

Muchas personas piensan que este proceso es muy doloroso porque ven cosas de ellas mismas que no les gustan, pero esto también es una trampa del ego si entendemos, como apuntábamos antes, que ninguna de estas cosas las hemos construido nosotros.

Finalmente apuntaremos que, como hemos destacado al principio, estamos hechos de cuerpo y mente. Para poder hacer este camino necesitaremos hacer un trabajo práctico con un acompañamiento y entorno adecuados. La experiencia bien dirigida y asentada sobre un conocimiento puro, será la opción más óptima si queremos hacer este trabajo: desprendernos de todas las capas y reencontrarnos con nuestra esencia.

Esperamos que este resumen le sirva para hacerse una idea más clara del trabajo que hacemos en Equitación For Life y recuerde que nuestro objetivo es que cada una de las personas que venís a hacer vuestro trabajo personal, desarrolláis el arte de vivir en equilibrio.

 

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